viernes 28 de marzo de 2008

Cuento #1: Sábado Santo

Esa mañana era Sábado Santo, la gente andaba alborotada en el pueblo por la próxima quema del judas, las calles estaban incendiadas de gente, había un persistente olor a incienso que aun estaba en el ambiente desde el Viernes Santo.

Ya había empacado todo, prefería irse el sábado que el domingo, en Venezuela el Domingo de Resurrección siempre significaba largas colas y un congestionamiento total de todas las carreteras del País, además un viaje así de largo lo dejarían muy cansado al llegar a su casa; además ya tenía una semana completa en casa de sus viejitos.

Su madre ya casi no lo reconocía, se pasaba las horas divagando entre pasajes de su niñez y un prolongado cuestionario sobre la identidad de su hijo, el único que permanecía intacto en su frágil memoria, era Nicolás, su esposo, el hombre que la saco de su casa cuando apenas era una niña, le sembró en el vientre tres hermosos hijos, los cuales a la fecha vagamente podía reconocer.

En cambio su padre, un hombre recio de mediana estatura, que olía siempre a Agua de Colonia Atkinson con el tabaco de Chocolate de su pipa; a sus 85 años, era el motor y razón de la hacienda "Los Morichales", tomaba decisiones de siembra y aunque ya no cabalgaba, todas las tardes salía en su jeep a darle una "vueltita" a la hacienda.

Daniel el menor de los 3, se despidió de sus padres, a su madre le colmó la frente de besos y le pidió la bendición, ella como acto reflejo, sin razonarlo siquiera, lo bendijo y lo persignó, así mismo su padre lo abrazó fuerte y le dio un cariñoso beso en la mejilla; se dijeron adiós y prometieron verse para el próximo fin de semana largo, como ya era costumbre.

Tomó su equipaje, junto con unos dulces que le había preparado su mamá y se fue a pie hasta el Terminal de autobuses, el cual quedaba no muy lejos de la hacienda, un par de cuadras llaneras, nada más.

Daniel observó el Terminal al llegar, había más gente que de costumbre, más vendedores ambulantes y mendigos, asumió que el asueto de pascuas colocaba a todo el mundo en los terminales, dado el instinto natural de los venezolanos de aprovechar todo feriado para salir del lugar de donde vive.

Sin perder tiempo se colocó en la fila para comprar el boleto de regreso a Caracas, se distrajo viendo la irregular arquitectura del Terminal, fijó la mirada en la pizarra de salida de las unidades, observaba abstraído los curiosos numeritos que aparecían y desaparecían de la pantalla, cuando una voz le susurró en el oído - NO TE MONTES - Daniel reaccionó de golpe y volteó lo más rápido que pudo, pero para su sorpresa detrás de el había solamente una señora meciendo un bebé recién nacido, la señora lo acunaba en sus brazos, con los ojos entrecerrados fijos en la criatura, era imposible que fuera ella.

Daniel no podía sacar de su cabeza la voz, terminó auto convenciéndose de que había sido producto de su imaginación, y ya para el momento que lo había logrado estaba justo frente a la taquilla de venta de los boletos.

- ME DA UN PASAJE PARA CARACAS - las palabras tardaron años en salir de sus labios, y para cuando se había arrepentido de haberlas dicho, le estaban dando el cambio al billete de 50 que le había entregado al joven de la taquilla, el cual le dijo al entregarle el vuelto con el pasaje - APURESE QUE EL AUTOBUS EN ESTE MOMENTO ESTA CARGANDO EL EQUIPAJE- Daniel le dio las gracias y aceleró el paso hasta llegar frente al autobús, mientras esperaba su turno, oyó la misma voz que le decía al oído - NO TE MONTES - se le erizó cada vello de su cuerpo, corrieron por su espalda inesperados escalofríos, otra vez volteó y no vio a nadie, por momentos le parecía que era la voz de su madre, en otros sentía que era el viento y que no era mas que producto de su imaginación.

Daniel vaciló en entregar su equipaje por un momento estaba considerando seriamente el no montarse en el autobús, pero después de dudar, entró en razón y decidió subirse al autobús para continuar con su plan inicial.

Le había tocado el puesto de la ventana, colocó su equipaje en el compartimiento superior y se relajó en su asiento, inclinó un poco el asiento y el chofer anunció la salida de la unidad del Terminal, comenzó como un viaje placentero y fluido, para su sorpresa no había mucho tráfico y el autobús viajaba a una cómoda velocidad de 90Km/h aproximadamente; ya tenían casi una hora de camino, Daniel había tenido una breve siesta y tenía curiosidad por saber en que parte del camino andaban, al abrir la cortinilla de su ventana lo único que alcanzó a ver fue una gandola cargada de caña de azúcar que se abalanzaba directamente sobre él, en su corazón sabía que iban por él.

Una fuente de jugo de caña y sangre inundó la autopista, Daniel podía en sus últimos segundos de vida ver como su corazón estaba atravesado por las mieles de un puñado de cañas, los cuerpos sin vida de los otros pasajeros se abrazaban a las cañas que los atravesaban, las cruces se improvisaron con las mismas cañas, y la sangre se había hecho miel espesa, el saldo fue fatal, solo 4 pasajeros habían sobrevivido, una pareja y una señora con su niño recién nacido.


iLi

1 comments:

Joselyn Salinas Montoya dijo...

Berro amiga, esta buensimo el cuento, pero de pana sólo imaginarme el momento se me pararon los vellitos jajajaja muy bueno amiga, escribes genial. besitos